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danza moderna
PUESTA EN ESCENAS
"Historias desnudas vestidas de piel"

Puesta en escena de

"LOS SILENCIOS MALDITOS"

I- GITANA MÍA
 
​ Tipo: Solista masculino (cantaor con guitarra)

 Género: Flamenco latino romántico

 

 Escenografía

Campo abierto, de noche.

Círculo de amigos.

Guitarras presentes.

Centro libre.

Elemento de fuego tenue (fogata o farol).

 

 Vestuario

Él: sencillo, tonos tierra, guitarra.

Ella: gitana, castañuelas.

Grupo: neutro, integrado.

 

 Iluminación

Base fría (luna).

Refuerzo cálido bajo (fuego).

Leve realce sobre él al cantar.

Aumento sutil en coros.

Limpieza de luz en frase clave.

Retorno a base.​​​

 

Sonido

Guitarra en vivo (él).

Palmas del grupo.

Sin efectos externos.​​​​​

Continuación...​

 Bloqueo

 

Círculo formado.

Él sentado con guitarra.

Ella dentro del círculo.

​

 Desarrollo

Intro

Él inicia guitarra.

Ella entra al compás.

​​​

Estrofa I

Él canta desde su lugar.

Ella baila dentro del círculo.

“el alma entre las manos” → castañuelas al frente.

 

Pre-coro

Baja intensidad.

Cruce de miradas.

 

Coro

Palmas suben.

Ella se acerca un paso.

Gira.

“gitana mía” → frontal a él.

 

Puente

Zapateo leve.

Castañuelas marcadas.​

Continuación...

​

Estrofa II

Movimiento más contenido.

Más cercanía.

 

Pre-coro

Pausa breve.

Frontal.

 

Coro final

Mayor intensidad.

“porque tú eres ¡mujer!”

 

Pausa ligera.

Él fija mirada.

Ella responde con un paso leve.

 

Final

Guitarra se apaga.

Círculo permanece.

Ellos frente a frente un instante.

 

Transición escénica

La música no corta en seco.

El grupo se disuelve progresivamente.

La luz pierde calidez.

El espacio se vacía.

Permanece solo la atmósfera.

​

Puesta en escena de
"LOS SILENCIOS MALDITO
S"

I. ERES MI DULCE LUZ

 

 Tipo: Solista femenina

 Género: Latín Pop romántico (guitarra)

 

 Escenografía

Espacio abierto en forma de camino.

Tres puntos de tránsito (inicio / medio / final).

Elementos mínimos (roca, banco, tela).

 

 Vestuario

Vestido sencillo, tonos apagados.

Cabello suelto.

 

 Iluminación

Base fría constante.

Entradas cálidas en frases clave.

Clímax con mezcla de tonos.

Final tenue.

 

 Sonido

Guitarra predominante.

Ambiente leve (viento).

Voces externas breves.

 

 Bloqueo

Recorrido diagonal.

Movimiento continuo.

Pausas marcadas por la letra.

Final frontal. 

Continuación...
​Desarrollo

 

Inicio

Ella camina.

Ritmo lento.

“Se apagaron los brillos…”

 

Continúa.

“ya no hay cantos…”

Figura cruza:

—“la loca…”

Ella sigue.
“Un concierto de penas…”

Mano al pecho.

Avanza.
“Aquellas noches bellas…”

 

Pausa breve.

Retoma.

“No sé si esta es la cruz…”

Levanta la mirada.

 

Sigue.

Clímax

“¡eres mi dulce luz… eres todo mi amor!

​

Detención total.

Proyección frontal.

Luz cálida.

Repetición

Retoma el paso.​

Continuación...

​

Más lento.

Figura cruza:

—“la loca…”

Sin reacción.

 

Final

Llega al frente.

Se detiene.

Respira.

Mira al frente.

Luz baja.

​

​Transición escénica

La escena no se corta en seco.

La atmósfera se transforma progresivamente.

La luz se enfría.

El sonido se desvanece.

El espacio se vacía.

 

Clave general

​Orden narrativo respetado

Cada escena con su propio mundo

Unión mediante transición, no explicación

Todo nace de la canción. 

AMBIVALENCIA

 

Trilogía — Puesta en escena

 

Una obra continua en tres pasos: Dualidad · Esencia · Realidad agradecida

 

Concepto escénico.

 

AMBIVALENCIA parte de una premisa: nadie comienza su existencia en la sombra. La vida irrumpe en la luz. Sin embargo, el propio tránsito humano puede conducir hacia territorios de oscuridad, pérdida, desconcierto o ruptura. La protagonista de esta obra conoció la luz antes de perderla. Cuando el espectador la encuentra, ese viaje anterior ya ha ocurrido.

 

Por eso la representación comienza en retrospectiva.

 

No asistimos al nacimiento de la mujer ni contemplamos paso por paso aquello que la llevó a la oscuridad. La encontramos en el punto más distante de su origen: sumida en un espacio donde conviven la memoria de la luz y la imposibilidad aparente de alcanzarla.

 

Desde allí comienza el regreso.

La obra no está dividida en tres historias. Es una sola acción escénica desarrollada en tres pasos consecutivos. Cada uno provoca el siguiente y ninguno existe plenamente sin los otros:

 

DUALIDAD — la lucha.

ESENCIA — la transformación.

REALIDAD AGRADECIDA — el regreso a la luz.

 

El escenario representa físicamente ese recorrido. Se extiende de izquierda a derecha, pero no como tres decorados independientes. Todo pertenece al mismo universo y permanece visible, aunque la iluminación determine qué territorio domina en cada momento.

 

A la izquierda, el averno: sombra, agua oscura, piedra, noche, profundidad.

 

En el centro, el umbral: roca, abertura, túnel, tránsito.

 

A la derecha, la vida: horizonte, amplitud, naturaleza, claridad.

 

La protagonista recorrerá físicamente ese espacio. Pero su verdadero desplazamiento será interior.

 

APERTURA — LA LUZ QUE EXISTIÓ

Teatro a oscuras.

 

Antes de que aparezca cualquier figura, una luz muy tenue nace durante apenas unos segundos en el extremo derecho del escenario. No ilumina todavía un paisaje completo. Es solamente una presencia.

 

Existe.

Después comienza a extinguirse.

 

La oscuridad avanza desde el lado opuesto hasta cubrirla.

 

Ese instante no constituye un cuarto paso de la trilogía. Es apenas la memoria visual necesaria para establecer algo que el espectador comprenderá plenamente al final:

 

antes de la sombra hubo luz.

 

Cuando la escena vuelve a hacerse perceptible, la mujer ya se encuentra en el extremo izquierdo.

 

No sabemos todavía cómo llegó allí.

 

Solo sabemos que está allí.

 

 

PRIMER PASO — DUALIDAD

 

GRACIAS VIDA

 

La izquierda despierta lentamente.

 

La oscuridad es casi absoluta.

 

Durante algunos instantes, la mujer apenas alcanza a distinguir sus propias manos. A lo lejos, una claridad tenue y difusa aparece y desaparece sin revelar todavía qué existe detrás de ella. No ilumina un camino: apenas confirma que, en algún lugar, la luz continúa existiendo.

 

No debe parecer simplemente un escenario oscuro. Tiene que sentirse como un territorio cerrado. Piedra, profundidad, reflejos negros, quizá agua inmóvil. Una luna distante puede existir arriba, pero su luz no alcanza verdaderamente a la protagonista.

 

Ella aparece detenida.

 

No entra caminando desde bastidores: ya estaba allí.

 

La posición corporal debe revelar que lleva tiempo habitando ese espacio. No se representa una mujer que acaba de caer, sino alguien que ha aprendido incluso a moverse dentro de su propia oscuridad.

 

Comienza GRACIAS VIDA.

 

Y aparece la primera contradicción.

 

La canción habla de vida. Habla de gratitud. Hay palabras que parecen mirar hacia la claridad. Sin embargo, el

 

espacio escénico contradice aquello que escuchamos.

 

Ella agradece desde un lugar donde todavía no puede salir.

 

Surge la glosolalia.

 

No se traduce.

 

No aparece ninguna explicación proyectada.

 

No interviene un narrador para decirle al público qué significa.

 

La glosolalia pertenece todavía al misterio.

 

Puede llegar desde distintos puntos del teatro, como si el propio espacio la devolviera. Algunas voces lejanas pueden responder a la voz principal; determinados fragmentos pueden desplazarse acústicamente desde la izquierda hacia el centro y regresar.

 

La mujer escucha.

 

A veces parece reconocer algo.

 

Avanza unos pasos hacia el centro.

 

Una pequeña claridad aparece.

 

Intenta alcanzarla.

 

La claridad desaparece.

 

Retrocede.

 

Vuelve la palabra comprensible.

 

Regresa la glosolalia.

 

Avanza otra vez.

 

Retrocede otra vez.

 

Ahí se representa la ambivalencia sin necesidad de explicarla: la luz está contenida en aquello que escucha, pero ella continúa atrapada en la sombra.

 

No es inmovilidad. Es lucha.

 

Conforme avanza la canción, sus desplazamientos deben acercarla progresivamente al centro, aunque nunca de manera recta. Hay avances, resistencias, giros, retrocesos.

 

La oscuridad parece retenerla.

 

Pero algo comienza a cambiar.

 

Por primera vez, cuando la glosolalia vuelve, ella no retrocede completamente.

 

Permanece frente al túnel.

 

Silencio.

 

La última resonancia de GRACIAS VIDA queda suspendida.

 

No cae el telón.

 

No termina una obra para comenzar otra.

 

La mujer levanta la mirada hacia la abertura central.

 

Y entra.

 

 

 

SEGUNDO PASO — ESENCIA

 

PER SPÍRI

 

El túnel no representa una tercera realidad.

 

Es el tránsito entre ambas.

Al penetrar en él, la protagonista todavía lleva consigo la oscuridad. La iluminación posterior permanece fría y profunda, mientras delante de ella aparece una luz que aún no consigue envolverla.

 

Comienza PER SPÍRI.

 

Y aquello que antes era contradicción empieza a convertirse en comprensión.

 

No porque alguien traduzca literalmente la glosolalia, sino porque ahora la poesía y la canción revelan su esencia.

 

La palabra que antes parecía cerrada comienza a manifestarse mediante acción.

 

Cuando la letra habla de sombra, el espacio responde.

 

Cuando aparece la fe, cambia la luz.

 

Cuando surge liberación, cambia el cuerpo.

 

Cuando la esencia se aproxima a la vida, cambia el movimiento.

 

Aquí debe producirse la transformación física más importante de toda la obra.

La mujer que entró al túnel todavía se movía como alguien que llevaba peso. Gradualmente endereza el cuerpo. Su respiración se abre. Sus brazos dejan de protegerla y comienzan a ocupar espacio. Sus pasos adquieren seguridad.

 

No ocurre de golpe.

 

PER SPÍRI es el proceso.

 

En determinados momentos pueden regresar ecos de la glosolalia escuchada durante GRACIAS VIDA. Pero ahora no funcionan como prisión. Se integran a la música y encuentran correspondencia en lo que la protagonista está viviendo.

 

El espectador empieza a comprender sin que se le entregue una definición.

 

La oscuridad que queda detrás continúa visible durante parte del tránsito.

 

Ella puede mirar hacia atrás una vez.

 

Solo una.

 

No para regresar.

 

Para reconocer de dónde viene.

 

Después continúa.

 

La iluminación central crece. La piedra comienza a recibir tonos cálidos. La salida ya no aparece y desaparece como durante Dualidad: ahora permanece.

Y llega el instante decisivo.

 

La protagonista alcanza el borde del túnel.

 

La música todavía pertenece a PER SPÍRI.

 

Un último impulso musical sostiene la escena.

 

Ella atraviesa el umbral.

 

La oscuridad no la sigue.

 

 

TERCER PASO — REALIDAD AGRADECIDA

 

GRACIAS POR LA VIDA

 

 

Por primera vez, el escenario derecho se abre completamente.

 

No debe ser solamente «más iluminado». Tiene que producirse una transformación espacial: profundidad, horizonte, aire, naturaleza, amplitud. Después del encierro de la izquierda y de la estrechez del túnel, el espectador debe sentir físicamente que hay espacio para vivir.

 

Comienza GRACIAS POR LA VIDA.

 

Aquí no se representa nuevamente el sufrimiento.

 

No vuelven las imágenes del averno.

 

No se reconstruye aquello que quedó atrás.

 

No necesitamos recordar cada herida para justificar la alegría.

 

Ya ocurrió.

 

La mujer tampoco continúa comportándose como alguien que está escapando.

 

Ha dejado de escapar.

 

Ahora vive.

 

Puede caminar sin buscar una salida. Puede detenerse sin sentirse atrapada. Puede mirar el horizonte, tocar aquello que encuentra, recibir la claridad sobre el rostro.

 

La canción se convierte así en acción de gracias, pero no en una gratitud ingenua.

 

Ella sabe qué está agradeciendo.

 

Ha conocido la luz.

 

La perdió.

 

Atravesó la sombra.

 

Y ha regresado.

 

Por eso GRACIAS VIDA y GRACIAS POR LA VIDA pueden parecer, desde fuera, dos expresiones próximas y, sin embargo, escénicamente pertenecen a estados completamente diferentes.

 

La primera gratitud existe dentro de la ambivalencia.

 

La última nace de la recuperación.

 

Ese es el boomerang.

 

 

EL REGRESO DEL BOOMERANG

 

 

Durante los últimos momentos de GRACIAS POR LA VIDA, la mujer llega al extremo derecho del escenario.

 

Allí está la misma luz que apareció fugazmente antes de comenzar la obra.

 

Ahora el público puede reconocerla.

 

Pero algo ha cambiado.

 

Al principio vimos una luz que podía perderse.

 

Ahora vemos a una mujer que sabe lo que significa poseerla.

 

No necesitamos hacerla mirar nuevamente hacia el averno.

 

Su pasado no desaparece, pero ha dejado de gobernar el presente.

 

Las zonas izquierda y central pueden permanecer apenas perceptibles detrás de ella. No se destruyen. Forman parte del recorrido. Pero ya no reclaman acción.

 

Al alcanzar la salida del túnel, la mujer se detiene. Después de tanto tiempo sumida en la oscuridad, la claridad le impide ver con nitidez. Entrecierra los ojos, intenta mirar y espera. Necesita acostumbrarse nuevamente a la luz.

 

Entonces da el último paso.

Cuando ambos pies quedan fuera del túnel y sus ojos comienzan finalmente a distinguir cuanto la rodea, levanta los brazos. El aire le alborota el cabello. Ríe. Y mientras da gracias por la vida, el espacio se abre ante ella: ya no hay salón, no hay encierro. Hay un patio hermoso, naturaleza, aire, claridad. Hay vida.

 

La protagonista permanece en la luz.

 

La música llega a su conclusión.

 

Y solamente entonces puede comprenderse por completo el movimiento de la obra:

 

Luz → sombra → Dualidad → Esencia → Realidad agradecida → Luz.

 

La puesta en escena solo necesitó representar los tres pasos centrales porque la luz anterior ya pertenecía a la historia de la mujer.

 

El boomerang ha regresado.

 

Pero quien regresa no es exactamente quien partió.

 

 

CIERRE

 

 

Silencio breve después de la última nota.

 

La protagonista permanece inmóvil ante la claridad.

 

No habla.

 

No explica.

 

No agradece nuevamente mediante diálogo.

 

Ya lo hizo la obra.

 

La iluminación del resto del escenario disminuye lentamente hasta dejar únicamente la zona derecha.

 

Y antes del negro final, durante unos segundos, permanece una sola imagen:

 

una mujer de pie en la luz que había perdido.

 

Negro.

 

Fin.

 

 

Nota conceptual de la autora

 

AMBIVALENCIA no representa tres historias ni tres realidades. Representa una sola existencia atravesando tres pasos: Dualidad, Esencia y Realidad agradecida.

 

La oscuridad no constituye su origen. Es un territorio al que la vida puede conducir. La luz existía antes de la caída y por eso recuperarla significa regresar, no descubrir.

 

La retrospectiva comienza en el punto más distante de aquella luz. Desde allí, la protagonista atraviesa la ambivalencia de GRACIAS VIDA, encuentra en PER SPÍRI la esencia que transforma el recorrido y alcanza con GRACIAS POR LA VIDA una realidad que ya no necesita explicar la sombra porque ha aprendido a vivir fuera de ella.

 

La gratitud final nace precisamente de esa pérdida y recuperación.

 

No agradece simplemente porque existe la luz.

 

Agradece porque sabe lo que significa haberla perdido y volver a encontrarla.

 

 

Gertrudis Dueñas Román

Autora.

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